Obtuve una habilidad tramposa en otro mundo, y me volví extraordinario incluso en el mundo real (Novela Web) 46

 Capítulo 46

—Cien monedas de oro... y me las dieron, nomás...

—¿Guaf?

—¿Oinc?

Al toque, me compraron toda la pimienta y conseguí las cien monedas de oro.
Y encima, con esta única transacción, mi tarjeta del Gremio pasó a tener tres estrellas. O sea, que puedo abrir una tienda.

—La pimienta... posta que es increíble, che.

En la Tierra de hoy en día es algo que se consigue fácil, pero me di cuenta de que, si el mundo y el nivel de civilización son distintos, el precio se va a las nubes.

—Y qué amable que fue Reinhard-san, la verdad.

Cuando le conté que había venido de turismo, después de cerrar el trato, hasta se tomó la molestia de cambiarme una moneda de oro por plata y cobre para que me fuera más fácil usarla.
Así que ahora tengo noventa y nueve monedas de oro, noventa y nueve de plata y cien de cobre.
Y encima, me recomendó una posada con buena fama, lo cual me salvó.

—Bueno, ¿qué les parece si primero buscamos la posada y después salimos a pasear?
—¡Guau!
—¡Bui!

Como los dos estuvieron de acuerdo con mi propuesta, nos fuimos derecho para la posada que me habían recomendado.
Aunque puedo volver a casa cuando quiera y no necesito quedarme en una posada de este mundo, me parecía medio aburrido venir de turismo y no hacerlo.
Además, quería tener una idea de los precios de las posadas y me daba curiosidad saber cómo eran en este mundo.
En el camino, un montón de gente se me quedó mirando con cara de sorpresa, pero no solo a mí, sino también a Noche y a los demás, con curiosidad.
¿Será que mi color de pelo es raro?
Si me fijo bien, no hay nadie más con pelo y ojos negros aparte de mí...
A Noche y los demás seguro que los miran porque son tiernos.
Mientras caminábamos bajo un montón de miradas, por fin llegamos a nuestro destino.
Era un edificio de madera bastante grande, con un estilo o un ambiente distinto al de Japón, y tenía un cartel grande que decía: Posada del Aliento de Dragón.
Abrí una puerta de vaivén, de esas que se ven en las películas del oeste.
Adentro, parece que también funcionaba como restaurante, y se veían varias mesas redondas y una barra.
Como se iluminaban solo con la luz del sol, me dio la impresión de que era un poco más oscuro que los edificios de la Tierra.
Mientras miraba la decoración con curiosidad, una señora robusta se dio cuenta de mi presencia.

—¿Mmm? ¿Sos un cliente? ¡¿Pero qué...?!
—¿Eh?

Me quedé medio desconcertado por su cara de sorpresa, y ella se acercó corriendo, un poco alterada.

—¡¿U-un noble, señor?! ¡¿Qué hace en un lugar como este?! ¡Como ve, esta es una posada de lo más normal, que también es taberna...!
—Eh... pero yo no soy ningún noble...
—¡Dale, no me vengas con chistes! ¡Con esa ropa tan fina y ese aire que tenés, cualquiera se da cuenta de que sos un noble!
—…

Me quedé de piedra.
No me esperaba que me confundieran con un noble por la ropa.
La ropa que llevo ahora es la camisa y los pantalones que me dejó el Sabio, y aunque a mí también me parecía que eran de buena calidad, no pensé que la reacción iba a ser para tanto.
Como sea, tampoco podía dejar que el malentendido siguiera, así que de alguna manera logré convencer a la señora.
Cuando se aclaró todo, la señora soltó una carcajada de lo más alegre.

—¡Jajajajaja! ¡Mirá vos, y yo que pensaba! ¡Así que sos uno de nosotros, un plebeyo! ¿En tu país todos se visten con ropa tan fina y son tan elegantes?
—¿Y-yo qué sé?
—Bueno, no importa. Che, te hice perder el tiempo. ¡Soy María, la dueña de la Posada del Aliento de Dragón! Y bueno, ¿viniste a comer o a quedarte? Si te quedás, la noche sale quince monedas de cobre con comida incluida.
—Eh... ¿puedo quedarme con ellos?
—Guaf.
—Bui.

Señalé a Noche y a Akatsuki, que esperaban tranquilos a mis pies.
María se sorprendió por un segundo, pero enseguida puso una cara amable.

—¿Son tu familia? Parecen muy tranquilos, y si se portan así, no hay problema. Te cobro solo por vos.
—¡Muchas gracias! Entonces, me quedo.

Saqué quince monedas de cobre de mi Caja de Ítems y se las di a María.
Entonces, María, igual que la recepcionista del Gremio de Comerciantes, abrió los ojos como platos.

—¡Mirá vos! ¿Tenés una Caja de Ítems?
—Sí. Es muy práctica, la verdad.
—¡Qué envidia! ¡Con una Caja de Ítems no te va a faltar trabajo en la vida! ¡Y encima, tan fachero y con el futuro asegurado...! Tenés levante, ¿no?

María me miró de cerca y sonrió con picardía.
Dejando de lado si soy fachero o no, ¿con una Caja de Ítems no te falta trabajo en este mundo?
Supongo que sería para hacer de mozo de carga o algo así, y la verdad es que si guardás las cosas en la Caja de Ítems nadie te las puede robar, y encima te podés mover ligero, así que calculo que los comerciantes la deben querer.
Sonreí medio incómodo, y de repente me di cuenta de que no me había presentado, así que me apuré a hacerlo.

—¡Ah, disculpe! No me presenté... me llamo Yuuya Tenjou. Este es Noche, y el otro es Akatsuki.
—¡Guau!
—¡Bui!

Dije mi nombre en el formato de este mundo.
Como si me imitaran, Noche y Akatsuki levantaron las patas delanteras con destreza para saludar.
Ante nuestra presentación, María soltó una carcajada.

—¡Jajajajaja! ¡No hace falta que me hables con tanto respeto, che! Pero bueno, los chicos educados no me caen mal. Mirá, esta es tu habitación. Es la última del segundo piso.
—¡Muchas gracias! Ah, ¿y si quiero salir?
—En ese caso, me avisás. Yo te guardo la llave.

Le agradecí a María y entré en la habitación con el número que indicaba la llave.
La habitación era sencilla, con solo una cama, un escritorio chico y una silla.
Aun así, estaba todo impecable, y tenía una ventana de madera que facilitaba la ventilación.
Me senté en la cama y vi que no era especialmente dura, así que iba a poder dormir sin problemas.

—Uf... bueno, ya conseguimos dónde pasar la noche, ¿salimos a recorrer la ciudad?
—¡Guau!
—¡Bui!

Parece que los dos estaban de acuerdo con mi idea, porque volvieron a levantar las patas con destreza para responder.
Ah, ya que voy a dar una vuelta por la ciudad, voy a pasar por ese lugar llamado Gremio de Aventureros.
No sé si estarán, pero si están Sildy y los demás, quiero saludarlos.
Aunque recién había llegado, le avisé a María, le dejé la llave y salí de nuevo a la ciudad con Noche y Akatsuki.
Mientras caminaba por la ciudad, vi a un montón de gente que no se ve en la Tierra, como personas con orejas de animales, parecidas a las que vi en la puerta, y señores bajos y robustos.
Sintiéndome un turista en toda regla, disfruté del ambiente de los edificios y de la gente.

—Che... es un lugar más lindo de lo que me imaginaba.
—Guau~
—Oinc.

Había árboles y canteros de flores por la calle, y en general todo parecía limpio.
Como me había imaginado un nivel de civilización parecido al de la Europa medieval, tenía el prejuicio de que la ciudad iba a estar muy sucia.
Creo que en la historia de la Tierra aprendí que por esa época los desechos corrían libremente por las calles.
Pero en esta ciudad no se veía nada de eso.
El aire tampoco tenía ningún olor raro, así que seguro que estaba realmente limpia. Es más, el aire estaba más limpio que en Japón, que tiene un nivel de civilización más avanzado.
Bueno, como no debe haber gases de escape ni nada de eso, es lógico que el aire esté más limpio.

—Aun así, es raro. ¿Tendrán un sistema de cloacas?

Mientras caminaba pensando en eso, me di cuenta de que unas pequeñas luces volaban por la ciudad.

—¿Eh?

Las luces eran de colores como rojo y azul, y aunque eran pocas, también había algunas negras y doradas.
Las luces de colores se juntaban sobre todo en los árboles y en los canteros de flores, y hasta parecía que bailaban.

—Che, ¿qué será eso?
—¿Guaf?
—¿Bui?

Les pregunté a Noche y a Akatsuki, pero por alguna razón, parecía que no entendían a qué me refería.

—¿Eh? ¿No lo ven? Miren, ahí en los árboles hay un montón...
—Guaf~
—Oinc. Oinc, oinc.

Ante mi pregunta, Noche gimió como pidiendo disculpas, y en cambio Akatsuki negó con la cabeza como diciendo “¿de qué estás hablando?”. ¿Eh, cómo?
Pensé que era una ilusión óptica, así que me froté los ojos y volví a mirar, pero las bolas de luz seguían ahí.
Miré a mi alrededor para ver si la gente también las veía, pero nadie les prestaba atención.
Uhm… ¿será que en este mundo es algo tan normal que no le dan bola, o de verdad solo yo puedo verlas...?
Seguramente sea porque es algo normal y no se preocupan. De hecho, las bolas de luz no parecían acercarse a la gente, así que no deben ser peligrosas.
Convenciéndome a mí mismo con esa idea, seguimos caminando.
Después de un rato, llegamos a una plaza grande.
Había una fuente grande y varios bancos, y alrededor había algo parecido a puestos de comida.
En la plaza había gente comiendo lo que seguramente habían comprado en esos puestos, niños jugando con energía, y me dio la sensación de que era el lugar de descanso de la ciudad.

—Ya que estamos, ¿comemos algo?
—¡Guau!
—¡Bui!

Justo era la hora del almuerzo, y como había un puesto cercano que desprendía un olor riquísimo, decidimos ir para allá.

—Disculpe.
—¡Buenas, bienvenido! ¡¿Un noble, señor?!

¡Otra vez lo mismo!
Casi se me escapa el comentario.

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