Mientras yo me quedaba helado por el grito de sorpresa de la recepcionista, ella enseguida bajó la cabeza.
—¡Di-disculpe! Es que es la primera vez que veo una pimienta de tan alta calidad y… ¡sobre todo, un frasco tan hermoso!
—¿U-usted dice?
Así que la pimienta de la Tierra es de alta calidad, nomás. Che, y pensar que el frasco también era raro.
—Disculpe, ¿cuántos de estos tiene?
—¿Eh? Ah… ahora mismo tengo unos diez, pero si me da tiempo, puedo conseguir más.
—Y-ya veo… Disculpe, pero esto es algo que no puedo decidir por mi cuenta, así que voy a consultar con el Maestro del Gremio, con su permiso.
La recepcionista hizo una reverencia, abrió la puerta que tenía a sus espaldas y se fue para algún lado.
Che, ¿y qué es un Maestro del Gremio?
—Uhm… como que esto se está haciendo más grande de lo que esperaba, ¿no?
—¿Guaf?
—¿Bui?
La forma en que Akatsuki y Noche inclinaron la cabeza era tan tierna que me relajé al toque y pensé: “bueno, ya fue”.
Por cierto, después me enteré de que en esa recepción usaban un objeto mágico especial que impedía que los demás se enteraran de las conversaciones entre los comerciantes y el personal.
Gracias a eso, parece que nadie se dio cuenta de la sorpresa de la recepcionista ni de todo nuestro intercambio.
Dicen que para un comerciante la información es lo más valioso, así que los objetos de este mundo son súper prácticos. Yo le debo la vida al del baño, lo uso siempre.
Después de esperar un rato medio en las nubes, apareció la misma recepcionista junto a un señor de cierta edad, de pelo blanco y con una barba del mismo color, muy bien cuidada, que le daba un aire de caballero.
—¿Es él?
—¡Sí! Yuuya-sama, disculpe la demora. Él es Reinhard-san, el que dirige este Gremio de Comerciantes.
—Hola. Soy Reinhard, el Maestro del Gremio.
—Hola. Mi nombre es Tenjou Yuuya.
—Mmm… qué nombre tan particular. ¿Tenjou… es tu nombre?
—¡Ah, no! Yuuya es el nombre, y Tenjou es… ¿el apellido? ¿El nombre de la familia? ¿Será?
¿Cómo se supone que lo explique?
Y si lo pienso bien, el orden de mi nombre es al revés que el de la gente de acá. ¿En el extranjero también usan el mismo formato que en este mundo?
No sé por qué, pero terminé respondiendo una pregunta con otra, lo cual fue bastante maleducado de mi parte, pero a Reinhard-san no pareció importarle.
—¡Jajajajaja! Qué muchacho tan interesante. Y este país, Japón, nunca lo había oído… Por mi trabajo, no solo he visitado muchos lugares de este continente, sino también de otros, ¿por dónde queda ese país?
—Eh… es un pequeño país insular al este.
—Ya veo… mmm. A juzgar por tu apariencia, pareces de la clase alta…
—¡No, no, no! ¡Yo soy un ciudadano de a pie!
¿Yo de la clase alta?… En la Tierra, la gente de clase alta son personas como Kaori.
Mientras pensaba en eso, por alguna razón, tanto Reinhard-san como la recepcionista me miraron con los ojos abiertos de la sorpresa.
—Y-ya veo. Entonces, ¿no eres un noble?
—No, ¿por qué lo pensó?
Se lo pregunté por pura curiosidad, pero Reinhard-san y la recepcionista solo se miraron y esbozaron una sonrisa amarga.
—Mmmm… bueno, es muy común que los nobles oculten su identidad. Si vos decís que sos un plebeyo, haremos de cuenta que es así.
—¿Eh?
Un momento. ¿Por qué será que no me creen? Y encima, creen que soy un noble.
Me quedé con cara de tonto, y Reinhard-san tomó en sus manos la pimienta que había traído.
—¡E-esto es…! …Yuuya-kun, ¿de verdad tenés intenciones de ocultar tu identidad?
—¡¿Pero si le estoy diciendo que soy un plebeyo?!
¡Al final me siguen dudando! ¡Y encima sobre si soy un noble!
Mirá que hay muchas formas de que duden de uno en este mundo, pero que te confundan con un noble no debe ser muy común, ¿no?
Pensándolo así, estoy teniendo una experiencia bastante única.
Y para colmo, Reinhard-san y la recepcionista me miran con una condescendencia que no tiene nombre, como diciendo: “Tranquilo, pibe, entendemos que lo querés ocultar, claro que sí”.
Dejando eso de lado, Reinhard-san se quedó un buen rato mirando la pimienta y el frasco desde todos los ángulos, y al final soltó un suspiro.
—Uf… llevo muchos años manejando todo tipo de productos, pero es la primera vez que veo una pimienta de tan alta calidad. Y encima, tenés nueve más de estas ahora mismo, y si te damos tiempo, ¿podés conseguir más?
—Así es.
—Mmm…
Reinhard-san se quedó pensando un momento, después le dijo algo a la recepcionista y esta trajo una bolsa de cuero grande.
—Bueno, sobre esta pimienta… te compro todo por cien monedas de oro.
—¡Cien monedas de oro! …¿Y eso cuánto sería?
Ante mi pregunta, Reinhard-san y la recepcionista se fueron de espalda. Perdón por mi ignorancia.
Igual, cuando lo revisé con Análisis, decía que si se vendía entre cinco y diez monedas de oro estaba bien, así que esto significa que se vendió por el precio más alto.
No sé por qué me dieron esa tasación, pero como ahora necesito plata, me viene de diez.
—C-claro. Yuuya-kun no es de este país, así que no es raro que no sepas el valor de la moneda… Te lo explico fácil: en este país hay cuatro tipos de monedas, de menor a mayor valor: de cobre, de plata, de oro y de platino. Cien monedas de cobre equivalen a una de plata, y así, cien monedas de la denominación inferior equivalen a una de la superior.
Ah, mirá, eso es fácil de entender.
—Y en este país, una familia de cuatro personas necesita unas cinco monedas de oro para vivir un año sin problemas… Es decir, acabás de conseguir plata para vivir unos veinte años sin trabajar.
—…
¿Qué acaba de decir?
¿Una familia de cuatro vive con cinco monedas de oro? ¿Puedo no trabajar por veinte años?
Pero eso es para una familia de cuatro; si soy solo yo, en un año gastaría una moneda de oro y un poco más…
O sea, podría no trabajar por casi cien años.
…
—¡¿Eh… eeeh?! ¡¿EEEEEEEEEEEEEEEEEEH?!
Esta vez, fui yo el que se llevó la sorpresa de su vida.
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