Obtuve una habilidad tramposa en otro mundo, y me volví extraordinario incluso en el mundo real (Novela Web) 49

 Capítulo 49

—… ¡Sí, ya confirmé las diez hierbas medicinales de la misión! Es increíble, están en muy buen estado y…

Cuando volví a la ciudad, fui derecho a reportar la misión y la señorita Emilia me recibió con cara de sorpresa.

—¿En serio?
—¡En serio! Además, últimamente casi nadie quería aceptar la misión de recolección, así que estábamos en un aprieto. Sin hierbas medicinales, no se pueden hacer las pociones de recuperación de la ciudad.

Parece que las pociones de recuperación en este mundo son como los remedios para el resfrío en la Tierra. Pero como no había hierbas, estaban teniendo problemas para producirlas.

—Fue de casualidad, pero me alegro si pude ser de ayuda.
—Guaf.
—Bui.
—Juju… No solo vos, Yuuya, sino que tus dos compañeros también son muy listos.
—¡Guau!
—Bui.

Night ladró contento por el cumplido de la señorita Emilia, mientras que Akatsuki resopló con aire de superioridad, como si fuera algo obvio. Qué ternura.

—¡Acá tenés tu recompensa! Como estaban tan bien conservadas, te doy un poquito más.

Lo que me entregó fue una moneda de plata.
Me entró la duda de si estaba bien recibir una moneda de plata entera solo por juntar hierbas.

—¿Está segura? ¿Puedo aceptar tanto…?
—¡Claro que sí! ¡Es la recompensa justa! Me ofendería si no la aceptaras.
—Ah…

Las palabras de la señorita Emilia me sonaron igualitas a las que me dijo Hikaru después de la sesión de fotos con Miu.
…Si dice que es una recompensa justa, entonces la tengo que aceptar.
Le agradecí a la señorita Emilia y agarré la plata.
No sé cómo explicarlo… pero pensar que es la primera plata que gano por mi propio esfuerzo en este mundo me pone muy contento.
Aunque también gané plata con la pimienta, al final eso fue porque la pimienta de la Tierra es increíble, no por mí.
Si se me ocurre alguna idea, me gustaría intentar vender algo que haya hecho yo, no solo cosas de la Tierra.
Mientras le sonreía a la moneda de plata, se me ocurrió algo y decidí preguntar.

—Che, una pregunta… ¿hay algún lugar en esta ciudad con muchos libros?
—¿Libros? Por supuesto que hay librerías, pero los libros son caros… Ah, si no es para comprar, ¿sabías que hay una biblioteca?
—¡¿De verdad?!

No sé nada sobre este mundo.
Ni qué costumbres tienen, ni qué está bien o mal.
Si hasta el país es distinto, obvio que las leyes también lo van a ser.
Pensando en todo eso, lo mejor es preguntarle a la gente o buscar en los libros.
Aunque el señor Gain ya me dio algo de información, quizás encuentre algo nuevo si investigo por mi cuenta.
Seguí las indicaciones que me dio la señorita Emilia y llegué a un lugar de paredes blancas que parecía un museo.
Tenía un aire solemne… una atmósfera de tranquilidad.
El edificio era un poco inesperado, pero es el lugar que me indicaron, así que no hay duda de que es la biblioteca.

—Guau… qué zarpado…
—Guaf.
—Bui.

Igual que yo, Night y Akatsuki se quedaron impresionados con el edificio que teníamos en frente.
Al verlos, se me cruzó una idea por la cabeza.

—…Che, ¿creen que los dejen entrar a ustedes…?

En el Gremio de Aventureros y en el Gremio de Comerciantes no hubo problema, pero ¿y en una biblioteca?
El sentido común me dice que no, pero… bueno, por preguntar no pierdo nada.

—Night, Akatsuki, ¿me esperan un toque? Voy a preguntar si pueden entrar.
—Guaf.
—Bui.

Mis dos compañeros, tan listos y obedientes, aceptaron sin problemas, así que entré apurado.
Adentro, me encontré con una biblioteca espectacular, como nunca había visto.
Era de dos pisos, y tanto en la planta baja como en el primer piso las paredes estaban repletas de estanterías.
En el centro había algo que parecía una recepción, rodeada de mesas largas y sillas.
Había algunas personas adentro, y se sentía esa quietud característica de las bibliotecas.
Todavía abrumado por la cantidad de libros, llegué a la recepción, donde estaba sentada una mujer de anteojos con un aire muy intelectual.

—Disculpe…
—Sí, ¿en qué puedo ayudarlo?
—Perdón, la verdad es que es la primera vez que vengo a esta ciudad… bueno, a este país… y entre mis compañeros de viaje tengo un perro y un chancho. ¿Podrían entrar a la biblioteca?

Por más buenos que fueran Night y Akatsuki, seguro que me iba a decir que no. Es más, creo que mi pregunta es bastante desubicada.
Mientras pensaba eso, la mujer intelectual sonrió con delicadeza.

—Ya veo, es usted extranjero. ¿Dónde se encuentran sus compañeros ahora?
—¿Eh? Ah, los dejé esperando afuera.
—Entendido. Me gustaría verificar, ¿podría guiarme hasta ellos?

Acompañé a la mujer intelectual hasta donde estaban Night y Akatsuki, y los encontramos sentados, esperando tranquilamente.

—Son estos dos.
—¿Guaf?
—¿Bui?

Sorprendidos de que volviera tan rápido y los presentara de la nada, los dos ladearon la cabeza al mismo tiempo.
Al verlos, la mujer intelectual abrió los ojos de par en par por un instante y después relajó su expresión.

—Juju… Qué compañeros tan adorables tiene usted. Se nota que son muy buenos chicos… Les permitiré la entrada si prometen estar en silencio, no dañar los libros ni las instalaciones y no hacer sus necesidades adentro.
—¿Eh, de verdad? ¡Muchas gracias!

No me esperaba para nada que los dejara entrar, así que mi sorpresa fue genuina.
Pero ahora podíamos entrar los tres juntos, y eso me puso muy feliz.
Al verme tan contento, la sonrisa de la mujer se hizo más grande y, como si se le acabara de ocurrir algo, se giró hacia mí.

—Bueno, ya que estamos, permítame explicarle brevemente las reglas de la biblioteca.
—¡Por favor!

La explicación fue, básicamente, muy parecida a las reglas de las bibliotecas de la Tierra.
No dañar los libros, no llevárselos sin permiso, no hacer ruido… todo de sentido común, así que no había problema.
La única diferencia con la Tierra era que no se podían pedir los libros prestados.
Escribir en ellos estaba, por supuesto, prohibido, pero sí estaba permitido usar papel y pluma para copiar un libro entero a mano… lo que se conoce como transcripción.
Claro que el papel en este mundo parece que es caro, así que no es algo fácil de hacer, pero al parecer sale más barato que comprar el libro. Obviamente, también lleva mucho más trabajo.

—¿Tiene alguna duda sobre lo que le he explicado hasta ahora?
—No, ninguna. Muchas gracias.

Cuando incliné la cabeza en señal de agradecimiento, la mujer intelectual pareció sorprenderse un poco.

—¡No, no, solo hice lo que correspondía! Dígame, ¿qué tipo de libros está buscando? Si me lo indica, puedo traérselos yo misma… ¿Qué le parece?
—¿En serio? Bueno… si tiene algo sobre leyes y sobre magia, se lo agradecería.
—Entendido… Ah, y disculpe que no me haya presentado antes. Mi nombre es Lena Lowell y soy la bibliotecaria de esta Gran Biblioteca Roden.
—Ah… Yo soy Yuuya Tenjou. Y ellos son Night y Akatsuki.
—¡Guau!
—Bui.
—Juju… Yuuya-sama, Night-sama y Akatsuki-sama. Bueno, por favor, pasen.

Y así fue como, gracias a la señorita Lena, pudimos entrar todos juntos a la biblioteca.

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