—Acá es el comedor de la Academia Ousei, ¿viste?
—……
El lugar al que Ryo me llevó era un espacio canchero y re amplio, totalmente distinto al comedor que yo conocía.
Un montón de mesas redondas con sillas simples, dispuestas como si fuera la terraza de un café. En cada mesa, los alumnos comían y charlaban re copados.
…Mi secundaria también tiene comedor, pero es uno común y corriente, de esos que hay en cualquier lado, nada que ver con algo tan lindo como esto.
Mientras yo seguía pasmado con lo que tenía enfrente, Ryo me habló riéndose.
—¡Jajajajaja! Sí, cualquiera se sorprende la primera vez, ¿viste? ¡Pero eso no es todo! Mirá, chusmeate esto.
—¿Eh?
Lo siguiente que Ryo me mostró fue la carta. Y al ver el menú, me quedé pasmado de nuevo.
Para empezar, la variedad era una locura. Comida japonesa, occidental, china, eso es lo básico, pero también había española, rusa… platos de cada país, de esos que solo encontrás en restaurantes re especializados. Y encima, tenían platos preparados para cada religión.
—La-la comida de acá… parece que la hacen chefs que trabajaron en restaurantes con tres estrellas, ¿viste?
—¡¿Tres estrellas?!
¡Dale, no tengo guita para comer esas cosas de lujo! Capaz que ahora puedo pagar, ¡pero no podría seguir comiendo esto todo el tiempo!
Mientras pensaba eso, como si me hubiera leído el pensamiento, Ryo se rio con una sonrisita.
—¿Querés que te sorprenda más? La comida de acá… ¡todo cuesta quinientos yenes, ¿viste?!
———
De verdad, solo pude quedarme mudo.
¿Eh? ¿Esto es el cielo?
Con una moneda podés comer comida de tres estrellas, ¿no? Ya no entiendo nada.
—Bueno, aunque sean quinientos yenes, es verdad que hay alumnos que viven solos y andan justos con la guita. Para esos alumnos, está el Menú del Día Estudiantil.
—¿Menú del Día?
—Sí. Como el contenido cambia cada día, no podés elegir, pero el precio… ¡es gratis, ¿viste?!
—……
Ya me había dado cuenta durante las clases, pero ahora me quedó re claro. Esta academia… tiene un nivel que no da para comparar con las otras.
Escuchando lo que decían Ryo y Shingo, elegí del menú, agarré mi bandeja y me senté en una mesa cerca.
Ryo pidió pasta con crema de tomate y cangrejo, y Shingo-kun, el menú de milanesa de cerdo apanada. Yo, como me dijeron que costaba quinientos yenes, pedí el menú de hamburguesa de carne de wagyu, que parecía lo más caro. Ojo, quería darme un pequeño lujo, ¿viste?
—¡Dale, a comer!
—¡Itadakimasu!
Una vez que hicimos el saludo antes de comer, nos concentramos en nuestras comidas.
Me puse la hamburguesa en la boca y me quedé tieso de lo rica que estaba.
Q-qué es esto.
¡El jugo de la carne salía a borbotones! ¡En la boca era como una nube! ¡E-está riquísima!
La hamburguesa estaba tan rica que me dejó sin palabras.
Al verme comer sin pensar en nada más, Ryo y Shingo también comieron lo suyo, riéndose.
—Che, che… ¡mirá un poco!
—¿Quién será ese chico…?
—¿Será nuevo?
Mientras comía, de repente me di cuenta de que había ruido alrededor.
—¿Qué onda? ¿No hay como un murmullo?
—¿Hm? Es porque estás vos, Yuuya, ¿viste?
—¿Porque estoy yo? Ah, cierto, mi uniforme es distinto. Obvio que llamo la atención…
—……
—¿Hm? ¿Qué te pasa?
—…No, nada.
—¿¿¿???
Sentí como que Ryo me miró con una cara de "che, posta?" pero supongo que me lo imaginé.
Mientras seguíamos charlando y comiendo, a Ryo se le ocurrió preguntarme de repente.
—Che, ahora que me acuerdo, ¿vos Yuuya hacés algún club?
—¿Eh?
—Acá en esta academia, ¿viste?, le ponen mucha onda a los deportes y los clubes son re buenos.
—Ah, mirá…
—Por eso, si vos Yuuya hacías algún club en la secundaria a la que vas ahora, pensé que capaz entrabas a uno de acá.
Obvio que yo no hacía ningún club. Ya con los gastos de vivir la pasaba mal, y encima nunca me dejaron tener esa clase de "juventud". Además, con el cuerpo que tengo ahora, si hacía algún club de deportes... seguro que las cosas se ponían bravas.
Le respondí a Ryo con una sonrisa forzada.
—Para mi mala suerte, yo no hago ningún club.
—¿Eh? ¿Posta? Qué raro.
—¿Y vos Ryo y Shingo-kun?
—¿Yo? Yo también soy del club de ir a casa, ¿viste?
—¿Eh? Ah, mirá. Pensé que seguro hacías algún club de deportes…
Capaz es un prejuicio mío, pero como Ryo daba la impresión de ser un deportista re canchero, me sorprendí.
Entonces Shingo-kun, riéndose, me contó.
—Ri-Ryo-kun es re bueno en varios deportes, y cuando entró, lo querían de todos lados. De verdad, estaba re solicitado.
—¡¿En serio?! ¿Y entonces por qué?
Pensando "che, esas cosas pasan en los mangas nomás", pregunté, y Ryo respondió como si nada.
—¿Hm… será porque quería probar de todo…?
—¿De todo?
—Sí. En la secundaria jugué al fútbol y no me fue nada mal… pero cuando entré a esta academia, pensé que estaba bueno el fútbol, pero también quería tener otro tipo de experiencias, y al final me quedé en el club de ir a casa.
—Pe-pero Ryo-kun participa en un montón de clubes como refuerzo, y cada vez que lo hace, saca resultados increíbles.
—Jaja, me da vergüenza, pará.
Parecía posta que se había puesto colorado, y Ryo se rió todo avergonzado. Este pibe es como un personaje de manga, posta. No lo digo para mal, es un re buen tipo y obvio que es popular.
—Ah, mirá… así que también existe ese estilo…
—Así es. Si entrás a esta academia, no necesitás hacer un club a la fuerza para tener un montón de experiencias, ¿viste? En ese sentido, el club de Shingo también es medio raro.
—¿Eh? Shingo-kun, ¿en qué club estás vos?
Cuando le pregunté, Shingo-kun me contó con una sonrisa.
—Yo-yo estoy en el Club de Juegos.
—¡¿Club de Juegos?! Juegos… ¿de los de consola?
—Así es.
¡Posta!… ¿En esta academia te dejan traer consolas así como si nada? Ya me parecía que eran re liberales con los accesorios y el color de pelo, ¿pero hasta eso te permiten…?
Mientras me quedaba asombrado con la libertad volada de la Academia Ousei, Shingo-kun me explicó el motivo.
—Cla-claro, obvio que no podés jugar durante las clases, pero en los recreos y eso sí podés usar la consola y el celular. En una secundaria común te lo prohibirían de toque, ¿viste? Pero como te dan tanta libertad, no hay nadie que se ponga a usar el celu o la consola en medio de la clase, y por eso puede existir un Club de Juegos en una secundaria.
—Ahhh…
Solo pude suspirar, re asombrado.
O sea, que en esta academia te dejan usar el celu y la consola porque confían en los alumnos. Pero lo más groso de todo es que los alumnos también se esfuerzan para no traicionar esa confianza. Che, existe gente así, ¿viste?
Después de escuchar un montón de otras cosas re sorprendentes, la verdad, tuve un almuerzo re completo y lleno de cosas nuevas.
Después de clases, fui a la oficina del director a hablar con el Sr. Houjou Tsukasa.
—Y bien, ¿qué te pareció esta academia?
Con una sonrisa amable, el Sr. Tsukasa me preguntó eso, y yo le dije honestamente lo que pensaba.
—…Fue increíble. Las clases se entienden bárbaro, las instalaciones son completísimas… pero lo que más me llamó la atención fue lo vivos que se ven los alumnos.
Sí, los alumnos de esta academia brillaban, todos.
En la secundaria a la que voy ahora, todos se pasan el día re embole. Hasta los que hacen clubes y viven su "juventud", durante las clases o los recreos, andan diciendo "qué paja", "me quiero ir a casa".
Pero desde que vine a esta academia, no escuché ni una de esas palabras. No digo que no las digan nunca, pero yo no las escuché para nada.
Todos se ven contentos, disfrutando de esta academia de verdad. Y yo, con lo que viví hoy, lo sentí re fuerte.
Al oír lo que dije, el Sr. Tsukasa asintió, pareciendo conforme.
—Ya veo. Me alegra mucho que digas eso. …Y bien, ¿qué te parece? ¿Te gustaría venir a esta academia?
—…¿Seguro que alguien como yo podría venir?
¿Tendré yo el valor suficiente para venir a esta academia? No encuentro nada que se me dé bien, ni nada de lo que pueda sentirme orgulloso. Alguien mucho mejor que yo, que no entiendo nada…
Mientras pensaba eso, el Sr. Tsukasa habló con esa amabilidad, como si me hubiera leído la mente.
—Yuuya-kun. Tu valor es algo que podés decidir vos, y que también pueden decidir los demás.
—¿Eh?
—Y en este momento, estás pensando si vos mismo tenés el valor suficiente para venir a esta academia… ¿no es así?
—…………Sí.
Respondí después de un breve silencio.
—Pero yo sí creo que tenés el valor suficiente para venir a esta academia.
—Ah…
Al oír esas palabras, miré al Sr. Tsukasa directamente.
—Tranquilo. Si vos mismo querés encontrar tu valor y todavía no pudiste… podés encontrarlo acá, en esta academia. Tenés tiempo.
————
Y entonces————.
—Este… no sé si alguien como yo… pero si está bien, me gustaría venir a esta academia.
—¡Claro! Sos bienvenido.
Y así fue como decidí, una vez más, que iría a la Academia Ousei.
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